lunes

In love of my Valentine's day (2010)


Cuando comencé el semestre me mostraba intolerante a todo el asunto de “cirugía” y comenzaba con mis dramas: “que esas guardias no las voy a soportar” o “emergencia huele horrible y es horrible y no me gusta” y bueno otra serie de quejas infantiles que ya no deberían ser. Ayer no fue mi primera guardia, sin embargo creo que fue muy representativa y quiero compartirla con todos…
14 de febrero: día de san Valentín, día de carnaval, día domingo, en resumen día en el que el venezolano expresa al máximo sus peores rasgos característicos dígase borracho, desordenado, inconsciente, etc; sip, ese día seria mi primera guardia de 24 horas… muy puntualmente a las 6y40 am ya estaba en emergencia, específicamente en el cuarto de descanso dejando mis cosas, la cara de “destruida” de Yeni y el relato de los hechos de Alberto donde concisamente la palabra protagonista era “sangre” lograron que en menos de 15 minutos mi nivel de tensión fuese alto y surgiera la interrogante: si la guardia del día anterior había sido así… ¿Cómo sería la mía?…
Comenzábamos el día con la emergencia full, demasiada gente, muy poco espacio, claustrofobia. La mañana transcurría lentamente: un señor con apendicitis que me encargaron como mi paciente a quien mande a que le tomaran muestras de sangre, una paciente con una apendicitis complicada porque por miles de razones no había sido operada, un borracho impertinente que no se dejaba suturar, una muestra de sangre que fallé (eso me amotinó por horas), la china enseñándome a cambiar sueros y destapar las vías, la revista en la que los doctores hablaban en “mute”, una de las chamas de cirugía 4 que era antipática y una total inútil, mi paciente de apendicitis desaparecido…
Pero, al mediodía, llego mi gran oportunidad con otra de las chamas de cirugía 4, quien además de chévere y simpática sabía muy bien lo que hacía, ella se acerco y pregunto: “¿alguien puede acompañarme con un paciente de trauma que hay que suturar?” ¡YO!... la seguí a trauma o como me gusta decirle “el país de las maravillas”, estaba sorprendida, no podía creer que dentro de la emergencia hubiese un lugar que estaba limpio, ordenado y bien abastecido con muchas gasas, suturas, soluciones fisiológicas, etc; o sea “trauma”, donde trabajan los traumatólogos a quienes todos en el medio los etiquetan como ordinarios y desordenados.
Luego de esa inspección rápida de “trauma” mire a las personas ahí dentro; el traumatólogo me hizo vivir un “deja vu” cuando me preguntó: “¿tú eres de cumana?, tienes cara de turca, ¿de qué parte de cumana?”, parece que ser cumanesa está de moda… luego miré al residente, diantres era como que demasiado joven, leí de nuevo su camisa y decía “Dr”, diantres está como que demasiado bueno (buen físico, a eso me refiero), miré bien sus brazos ¿acaso la traumatología te pone “papeaito”?. Por último miré a mi paciente, un hombrecito que estaba borracho (que novedad) con fractura expuesta por arma blanca (prefiero no detallar) y cuando digo expuesta es que se salía hueso, músculo e incluso un vasito que ¡oh por dios! podías ver como eyectaba sangre al exterior… estaba fascinada, casi me babeaba…
“Entonces, ¿sabes cómo suturar?”, preguntó mi compañera luego de que el traumatólogo suturara el musculo; sin vacilar dije que sí. Me puse guantes, me dieron pinzas y suturas y empecé a trabajar, fue innato, fue maravilloso, agarre esa pinza con tal seguridad que no podía creer que esa trabajando fuese yo. Pasé la sutura a través de la carne sin titubeos, ni siquiera estaba temblando de los nervios de suturar por primera vez a una persona. Hice mis nudos tal como Freddy me había explicado y quedaron bonitos… así lo hice 6 veces aproximadamente hasta afrontar toda la herida. Salí de trauma triunfadora, wow que orgullosa me sentía de mi misma y de ahí en adelante me sentía valiente y la valentía perduro por el resto de la guardia… fui al estacionamiento a buscar la comidita que mi papá y mi mamá (mis padres abnegados, como los adoro) me habían llevado y subí a comer.
La tarde transcurría lentamente, una paciente que le cayó una viga en la cabeza (tranquilos no paso a mas que unas suturas en cráneo); “muchachas vayan a hacerle la historia a aquel paciente” ¡fuck! el paciente borracho impertinente que tenía dos mamás, perdón una mamá y su concubina que parecía su abuela; Angela modo “mesa bolivariana”, siendo mi espalda apoyo para que Joha escribiera en la historia, “oye que bien te ves”, “esa mesita si esta buena”, “jajajaja”, pensé en vender mi modelo de mesa pues con tantas críticas constructivas de quienes pasaban por el pasillo…
¡Apareció mi paciente de apendicitis al fin!: “doctora es que no se, fui, vine”, al menos tenia los resultados del examen. A eso de las 3pm lo subirían a quirófano y se suponía que la china y yo entraríamos con él a ver la intervención, el paciente asustado me pregunto “doctora, ¿usted es quien me va a operar?” y yo le respondí: “si señor, yo soy quien le va a echar cuchillo delicadamente”, todos reímos; sin embargo se apareció otra de las de cirugía 4 (esta si era de lo peor) y me quito el puesto y entró a ver la cirugía…
Luego de horas tonteando en quirofanito porque no había pacientes, muy cercando a las 7pm empezó de nuevo la afluencia. Una paciente a quien sacarle una sonda vesical, Pante estuvo conmigo diciéndome cómo hacerlo y la saque. Una pacientica con apendicitis. Un bojote de pacientes más que habían sido referidos del modulo de Aragua de Barcelona… ya era automático, ¿procedencia?, Aragua de Barcelona. Comenzó así el protagonismo de la “moto”: ¿su accidente como fue?, “en una moto”, “de moto”, “el carro se metió contra mi moto”, “la moto me atropello”, “la moto y yo nos caímos a puñitos”, “la moto me busco pleito”, “la moto me traiciono por la espalda”, “la moto y yo pelábamos pava y vino otra moto…”
“Muchachas suban a quirófano a la pacientica de apendicitis”, yeihhh; entonces Joha y yo nos encargamos de eso PERO cuando llegamos a quirófano nos dijeron “ustedes no pueden hacer eso, ¿Por qué esa gente mando a esa niña?, vayan de nuevo a emergencia a buscar a un residente”, afortunadamente eso nos lo dijo una de las dos residentes de anestesiología, quienes además de bonitas eran muy amables y cordiales y nos explicaron muy amablemente como se movía el chocolate ahí en quirófano…
9pm, 5 pisos de bajada llegamos de nuevo a emergencia (por supuesto dejamos a la paciente sentada en sala de espera), encontramos a la doctora y PARA VARIAR había un “problema de comunicación” (que yo prefiero decirle DESORDEN Y MAS DESORDEN) y debíamos esperar al residente, o sea a “príncipe azul”, no estoy exagerando, ese hombre es la viva imagen de los príncipes azules de los cuentos de princesas, es muy bello (no es mi tipo, pero al cesar lo que es del césar) y su manera de expresarse tan inalterada es cautivadora.
Subimos de nuevo, ahora con príncipe azul y el hablo en quirófano con las residentes de anestesiología. Todo resuelto; “muchachas quédense aquí, vengo ahorita” nos dijo príncipe azul. Obedientemente nos sentamos y en medio de la espera conocimos al pollo (una larga, muy larga historia) quien nos trato con mucha cordialidad, amabilidad y cariño (increíble pero cierto). En fin, la operación de apendicitis fue pospuesta unas horitas por culpa de un traumatismo abdominal, intervención a la que por supuesto entramos…
La intervención quirúrgica: ¡INCREIBLE!, 3 cirujanos y todo a su alrededor muy bien organizado por el instrumentista. Abrieron con bisturí y electro-bisturí, hasta que entraron a abdomen… yo imagino que lo que sentí en ese momento es lo que sienten los astronautas al salir al espacio. Estaba tan emocionada que se me aguaron los ojos, era bellísimo, todas esas asas intestinales que salían, todas esas compresas llenas de sangre, las pinzas, el manejo de las mismas por los cirujanos, las suturas, el tejido aponeurótico y la cantidad de grasa... el paciente salió muy bien de la operación.
Luego de la operación tenia muchísima hambre (no había comido hacía rato y la intervención comenzó casi a las once y termino casi a la una de la madrugada). Joha y yo nos devoramos unos cuantos sándwich. De ahí en adelante todo marcho “tipo tranquilo”, yo andaba encantada cambiando sueros y destapando vías, bromeando con uno que otro paciente; sin duda ya estoy más desenvuelta, entro, salgo, voy, vengo, hago, etc.
El “Chi” se alteró cuando llegó un chamo con ¡adivinen!, ¡si! ¡Moto! Y venia de ¡adivinen!, ¡si! ¡Aragua de Barcelona!. Le tocaba ir a trauma y yo quería volver a trauma porque trabajar ahí dentro es maravilloso, así que se junto el hambre con las ganas de comer y yo me apoderé de su radiografía y fui a tocar la puerta de trauma. El “papeaito” la abrió, miró la radiografía y dijo “métanlo”, Angela ni corta ni perezosa se metió también…
“Flaca, anda y busca una sutura recta 2.0”, y esta flaca fue a quirofanito a buscar la sutura la que encontré en tiempo record… “¿flaca sabes suturar con aguja recta?” a lo que respondí: suture un limón con una aguja de coser, ¿te sirve eso?, “vente pues”… nos agachamos y una vez mas con muchísima seguridad pase la aguja, esquivando el hueso expuesto de su pierna, me sorprendí de la facilidad que tuve para hacer el nudo, de hecho el residente también se sorprendió y dijo “wow, perfecto”…
“Angela, hazle la historia, ¿puedes?” a lo que respondí: sabia que todo era una trampa. ¿Qué podía decir? Hacer historias es un fastidio y estaba cansada, simplemente se me salió la expresión. “Bueno, yo te ayudo, es mas vente conmigo” y nos regresamos a trauma donde el mientras limpiaba me dictaba que poner en la historia. “Bueno en examen físico vas a hacer lo siguiente… ¿entendiste?” no hubo respuesta de mi parte, estaba pegada del sueño y él se dio cuenta y para remendar el capote dije: si, tranquilo yo veo, piel, extremidad, tórax y abdomen (todo eso mientras se escapaba un bostezo); “Angela, dame, yo lo hago, duerme un rato anda, yo termino”, y le di la historia al tiempo que dije: gracias, pero tranquilo, yo puedo ir y preguntar los últimos datos al paciente…
Y fui a donde mi paciente, le pregunté en medio de la camaradería lo que faltaba y se lo entregue al residente. El resto de la madrugada estuve poniendo sueros, destapando vías, hablando con la mama de uno de mis pacientes. Luego mandando una orden de rayos x a un paciente que tenia un amigo impertinente; amaneció y me fui (suena sencillo, pero me fui 1 hora luego de terminar guardia)…
Resumen: me encanto esta guardia porque me comporte como un ser funcional, aprendí a hacer mas cosas y me he dado cuenta que me gusta interactuar con mis pacientes, con varios tuve bastante camaradería y los hacia reir lo cual considero que los hace sanar o por lo menos les libera un poco la tensión de estar enfermo.
También me encanto que se haya expandido el numero de etiquetas hacia mi persona, en esta guardia no solo era “flaquita”, “flaca”, “chama”, “Angela”, sino que llegué a ser llamada múltiples veces “doctora”, y vaya que era la doctora, siempre con el control de la situación para suturar y poner sueros y quitar sondas y hacer historias (risas).
Y los pacientes... Todos aportaron algo a mi persona. El electro-boy a quien estuve echándole broma en varias ocasiones, al paciente de la ulcera “te voy a puyar muchachito, muajajaja”, a la señora que entraba en pánico, al de la apendicitis, a la de la apendicitis, al tocayo de la moto, todos hicieron aflorar compasión, empatía y mi esfuerzo por hacerlos sentir mas relajados. Al borracho impertinente y al de la nariz rota gracias porque hicieron aflorar en mi a la mandona y regañona que no va a estar soportando berrinches sin sentidos.
Gracias San Valentín, superaste expectativas…
Foto: "dormida" a altas horas de la madrugada en el hombro de Joha...

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